DESPEDIDA A UN DIRECTOR Y GRAN AMIGO

Por Ricardo Coya, CE3RCG, a nombre del Directorio del RCCH

Los hombres, al igual que los árboles, se reconocen por sus frutos…sin importar la tierra donde estén plantados.
Proverbio árabe que grafica en toda su magnitud, el legado que nos deja nuestro querido Miguel Angel, Alimaña, para quienes por mucho tiempo lo conocimos en el Grupo Oasis, su casa y también nuestro refugio de los días viernes al anochecer.

En lo humano, un hombre afable, cordial, generoso y siempre dispuesto a tender una mano a quien se lo solicitara.
En lo profesional, dedicado, trabajador y extremadamente pulcro en lo que hacía.

Excelente compañero, colega y un gran amigo.
Y así  se lo manifestamos muchas veces en vida, porque con el Peladito no había que esperar las horas postreras para reconocimientos y homenajes. Simplemente había que manifestarle los afectos, así, directa y cálidamente.
El se lo ganó y ese fue su derecho.

Miguel Angel fue precursor de muchas cosas en el hobby que varios aquí practicamos, la radioafición. Fue uno de los más destacados operadores de la otrora Posta Radial y por ende, uno de los creadores, más tarde, del Servicio de Emergencia de Radioaficionados, asesor técnico en varias oportunidades del Radio Club de Chile, La Casa de Todos, y finalmente, desde hace aproximadamente un mes, miembro del Directorio de nuestra querida entidad. En lo personal, siempre destacó por su excelente espíritu de colaboración, sin buscar reconocimiento alguno. Ejemplos hay muchos, circulo Hanover, bomberos de El Monte, ONEMI, entre otras instituciones.
Así las cosas, no es justo decir que los hombres Pasan y las instituciones quedan, como muchos acostumbran decir para justificar la partida de alguien.  Esa es una falacia enorme.

Las instituciones son hechas por hombres y en ellas queda estampado el sello de quienes volcaron todos sus esfuerzos por hacerlas grandes.

Entonces, los  hombres no pasan…
Quedan en el recuerdo perenne de quienes les siguen…
Por sus obras, es decir, por sus frutos.

Es el caso de Miguel Angel, para unos; LCK para otros; Alimaña, para quienes compartimos muchos momentos gratos junto a él, en el círculo de nuestros amores, el Oasis, el remanso, el punto de encuentro de todos los días viernes.

Toda partida es dolorosa, más aún, si quien se aleja ha logrado concitar el cariño y afecto de la mayoría de quienes le rodearon.
En este especial caso, la tristeza podría resultar mezquina.
Casi egoísta.
La muerte de Miguel Angel no implica un mal designio.
El Peladito está disfrutando lo que se merece, lo que en vida sembró en el inmenso campo donde cultivó todos sus méritos.
Está cosechando el placer y gozo de ver el rostro de Dios, en la Tierra Prometida…
Algo reservado sólo para los escogidos.
Entonces, no tengamos pena, ni estemos tristes.
Sólo sintamos una sana envidia.

 

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